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Martes, 30 de agosto de 2016

Ni arre, ni só

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Guardo en mi memoria infantil, alcarreña y labradora, una expresión que describe, ni hecha aposta, la actual situación política. Se empleaba para describir ese momento en que un cuadrúpedo, mayormente de las estirpe mular o asnal, decidía, vaya usted a saber por qué, que no daba un paso. Ni para adelante ni para atrás. Se clavaba al suelo y de ahí no había quien lo moviera, ni con palo ni con zanahoria. Ni arre ni só. Y me da el olor de que algún bípedo la ha tomado como ejemplo de conducta a seguir.

Don NO lleva así y así tiene a España desde que pierde elecciones, o sea, desde que se presenta. Nosotros vamos a las urnas y él se niega a aceptar que ha perdido aunque cada vez pierda por más. O se le da a él la cuadra, o sea la Moncloa, o no se menea. Y no hay quien lo mueva ni lo apee de su NO. En esas sigue y en esas asegura que se mantendrá sin que le importe nada más.

 

¿Qué pretende o qué espera? ¿Por qué camino se decidirá a echar a andar? Su tozudo bloqueo tan solo puede llevarnos a dos lugares. El primero esa insensatez letal de pretender, con su exiguo número de votos y diputados, encabezar un gobierno con la amalgama podemita, que da síntomas de descomposición, y donde el extremismo se da achuchones con el separatismo, y con los secesionistas en si mismos y sin anestesia, que quieren descuartizar y ya hasta ponen fecha próxima para dar el golpe final. ¿Qué sería de España con ese conglomerado en el poder? ¿Qué supondría en la economía, en el paro, en nuestra situación internacional y a qué nos conduciría después de haber logrado remontar con sudor, angustia y sufrimiento de la sima de la que se nos dejó? ¿Y en la cuestión de nuestra propia identidad como Nación, en qué acabaríamos en un abrir y cerrar de ojos si quienes lo sostienen son precisamente los que quieren destruirla como tal? ¿Aceptaría algo así el PSOE? Cualquiera en uso de razón diría que no, pero ¿queda razón y queda sentido de Estado o sentido común?

 

Seré de nuevo optimista, pero con duda y temor. Creo que el socialismo no le consentiría semejante barbaridad. Pero miedo me da.

 

La segunda derivada es igualmente nociva. Obligarnos a unas terceras elecciones. Una irresponsabilidad sin duda, algo penoso y un fracaso y una vergüenza total. ¿Con qué resultados además? Quizás piense que le puede favorecer. Que coge en declive a su amenaza electoral más temible, a ese Podemos que se vio ya por delante de él y que tiene ahora a dos puntos de distancia y a catorce escaños de diferencia, y a quien podría sacar un mayor margen de rentabilidad. Puede y puede también que la sociedad se lo haga pagar de manera definitiva y lo envíe directamente y ya sin remisión a las tinieblas.

 

En esas cábalas estamos y todo indica que vamos a estar al menos hasta final de septiembre. Porque me empiezo a barruntar que en los cuentos de la lechera de Ferraz lo que tienen como cartucho final antes de salir de la inmovilidad son las elecciones de Galicia y del Pais Vasco. Que las urnas les sean propicias y que en el primer lugar Feijóo no alcance la mayoría absoluta y que Ciudadanos le reste votos, y no le sume escaños. Entonces podría comenzar el ensayo del gobierno con Podemos mas BNG tanto allí como en España, aunque habrá de saber que en Galicia, donde la situación del PSG es débil y de confrontación interna muy grave, el cántaro se le puede quebrar y quedarse sin una gota de leche.

 

En el País Vasco también se echan cuentas. La buena es que al PNV le haga falta el PSE, y solo él, para poder gobernar. La contrapartida sería obvia. Pero ¿y si no? ¿Y si hace falta también el PP para lograr una mayoría parlamentaria. O si el pacto del PNV mirar hacia Podemos y Bildu?

 

Ese es el barrunto, eso es lo que don NO está aguardando. Esa puede ser al fin la clave de todo el puzzle. El Gobierno y el futuro de España donde va a jugarse va a ser el 25 de septiembre en Galicia y en Euskadi.

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