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Jueves, 23 de junio de 2016

La ciclotimia de los periodistas con La Roja

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A veces tengo premoniciones. Son sobre temas intrascendentes, al menos para mi. Intuía que España iba a perder contra Croacia. Leyendo y escuchando a muchos periodistas deportivos haciendo cábalas con los partidos que nos quedaban para jugar la final, establecí que la prepotencia y el desprecio hacia nuestros rivales iba a ser letal. Ir de sobrados, soberbios y altaneros es una mala técnica en todos los aspectos de la vida. Siempre hay alguien o algo que baja los humos.

La primera media hora del partido estableció por los comentaristas del mismo que aquello era pan comido. Hubo más soberbias castigadas, como la de Sergio Ramos, que sin ser especialista en lanzamiento de penaltys ejerció de capitán y erró con un disparo malo de solemnidad.

 

Los nuevos delanteros del equipo, Nolito y Morata, recibieron la consagración de insuperables con solo dos partidos. Los croatas, sin aspavientos y con humildad dieron una lección de fútbol y nos ganaron merecidamente.

 

Ahora hemos entrado en fase depresiva. Nos hemos clasificado en segundo lugar y eso parece una tragedia porque los periodistas habían establecido que ese supuesto era sencillamente imposible.

 

Hay una explicación psicológica para estos cambios de humor. España está deprimida y se agarra a cualquier ensoñación para reforzar nuestra autoestima. Tenemos un himno que ni siquiera tiene letra. Resulta patético escuchar el chunda, chunda tarareado a falta de letra. Y hay rincones en España en donde agreden a quienes llevan una camiseta de la selección.

 

Me encantaría que España ganara otra Eurocopa y para eso hace falta humildad, autocrítica razonable y respeto para los contrarios.

 

Estar en un grupo con los equipos más grandes tiene que ser el aliciente para jugar al fútbol lo mejor posible. Es solo un deporte y ahora mismo un vehículo para llevar autoestima a un país lastimado por la crisis. Pero hay que reivindicar el trabajo bien hecho día a día. Y los periodistas deportivos tienen que ejercer la pedagogía de la humildad y de la contención.

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