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Lunes, 6 de junio de 2016

El PP, Podemos y el huevo de la serpiente

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No tengo duda de que Podemos es una criatura de laboratorio que ha crecido a caballo del descontento y la crisis, alimentado en los platós de televisión. Sus padrinos han sido el Partido Popular, que ahora reafirma su entusiasmo con la posibilidad del sorpasso practicando el complicado deporte de la polarización. También la guardia pretoriana mediática de José Luis Rodríguez Zapatero, que sigue siendo un conspirador en la sombra, con excelentes relaciones con el régimen de Maduro, como se está comprobando estos días.

Ahora las encuestas demuestran que el sorpasso es tan cierto que puede llegar a ser doble. Según el estudio publicado hoy por el diario El País, la intención de voto de Podemos alcanza el 25,6 por ciento. El PP se sitúa en 28,5 y el PSOE se queda en 20,2. Pero todo el mundo se fija en los casi cinco puntos que separan al partido socialista de Podemos y no se dan cuenta de los escasos 2,9 puntos que le quedan para ser la primera fuerza por encima del PP.

 

Nada extraordinario en que Podemos quiera ganar. Faltaría más. Quien prefiera esta opción tiene todo el derecho de votar por ella. Lo que no es inconveniente para que se puedan cuestionar sus orígenes, sus apoyos y su eclecticismo programático e ideológico.

 

Una democracia decide lo que eligen sus ciudadanos, independientemente de las consecuencias. La historia está llena de decisiones electorales que fueron traumáticas.

 

Pero quien engorda el huevo de la serpiente por mero interés electoral propio es también responsable de las consecuencias del apoyo ofrecido para que una fuerza antagónica perjudique a quien es su adversario.

 

Faltan pocos días. La responsabilidad del resultado del día 23 corresponde a los partidos para buscar el apoyo de los electores y a estos para decidir a quién se lo dan.

 

Los juegos de laboratorio electoral pueden tener consecuencias tóxicas y pronto se pondrá en evidencia las causas por las que, por primera vez en democracia, el presidente en funciones prefiere un debate entre todos los candidatos que también uno con el líder de la oposición. Mariano Rajoy prefiere a Iglesias que a Sánchez para ocupar el sitio de honor de la oposición en el parlamento. También tendrá que explicar por qué.

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