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Sábado, 28 de mayo de 2016

Independentistas, anarquistas y bolivarianos

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Cuando se relee la historia de España sobre los últimos ciento cincuenta años de esta nación, podemos observar, sin tomar partido por nadie en el pasado histórico, que las tensiones, los conflictos, los enfrentamientos, verbales y bélicos, han sido una constante. Entre medias aparecen distintas etapas de relativa paz o de paz relativa, según lo que queramos decir, porque ya lo dijo Cela, no es lo mismo estar dormido que durmiendo, ni es lo mismo estar jodido, que jodiendo, y esto también tiene distintos significados aunque lo escribamos con los mismos lexemas.

[Img #48361]Y en esas últimas parece que estamos ahora, jodiendo a los demás, y no en el sentido sexual, sino en el atrabiliario, de violencia contra lo que no les gusta a los más reaccionarios y ¿quiénes son los reaccionarios hablando de sentidos del lenguaje?

 

En España hay quienes llaman reaccionarios a los que defienden la libertad, la ley, la Constitución aprobada legalmente y de manera democrática con más del 90 por ciento de los votos, se llama reaccionarias a las víctimas del terrorismo, a los heridos de ETA, sólo falta llamar  reaccionarios a las inocentes muertas, es como si las víctimas también inocentes del terrorismo yihadista fueran las reaccionarias y no quiénes disparan contra alguien que está tomando un refresco en una terraza de París.

 

Antes los más reaccionarios eran los fachas, cuando estos provenían del fascismo según la terminología del siglo XX, el fascismo nació en Italia en movimientos totalitarios que no querían identificarse ni con la izquierda ni con la derecha y su base era el control de todo, también el partido comunista ruso hacía lo mismo pero con otro lenguaje, con otras palabras, arriba y abajo ¿les suena? O sea democracia poca, horizontalidad y clase media poca, porque cuanta más clase media menos extremismos hay, a los partidos populistas no les interesa eso; los nazis eran los más fascistas, claro que lo de nazis viene del partido nazional socialista alemán de los años treinta, o sea, una bola conformada por desencantados, con aspiraciones revolucionarias, nacionalistas, de izquierdas y conservadoras a la vez que querían ser una gran nación a costa de las costillas, valga la redundancia, de los judíos y pueblos aledaños; se ve que todo el lenguaje es manipulable y se utiliza ideológicamente para cambiar la calificación de las cosas, y así podemos decir que lo de arriba es lo de abajo, y lo de la derecha, la izquierda, y que los fachas son las víctimas del terrorismo (de ETA, por ejemplo) y que los progresistas son los que se ponen del lado de los terroristas o ex-terroristas etarras que estos sí eran como los nazis, pues pegaban el tiro en la nuca como los hitlerianos lo hacían con los judíos.

 

Se manipula tanto el lenguaje que se llama progresismo y democracia a lo bolivariano de Venezuela, yo lo llamaría así si viera que ese país no dejara de progresar y de crecer económicamente, pero es que sucede lo contrario, es un estado donde cada vez se pasa más hambre, de tal guisa que es incomprensible que se dé pábulo a un régimen que, por decirse a sí mismo que ellos defienden al pueblo, tenga derecho de pernada sobre ese pueblo al que maltrata, de tal manera que los fascistas según aquella terminología serían ahora ellos, los que lanzan el boomerang de unas palabras que se vuelve como la realidad contra ellos, machacan a la gente, la ponen en las colas de los mercados para buscar comida con desesperación, escasea el azúcar, el papel higiénico… cosas elementales; precisamente, el control de todo es lo que pretende el régimen que luego echa las culpas al exterior de los males resultantes de su desastrosa gestión. Algo parecido a lo que está sucediendo en Cataluña, donde los pésimos gobiernos independentistas-nacionalistas culpan al resto de España de su presunta pobreza, porque los gobernantes no se empobrecen y sí lo hace el pueblo gobernado. Y tanto se atiza y se ha caldeado el ambiente que en este circo han vuelto a aparecer con una fuerza inusitada los anarquistas, esos que no quieren ser gobernados por nadie y que, al llegar a las instituciones, están paradójicamente atentando contra todo lo que se mueve.

 

Y es que los anarquistas disparan contra el sistema porque no les gusta. La democracia no es perfecta, cierto, pero es reconocible la sentencia de Churchill de que la democracia es el sistema político menos malo de todos los conocidos. Los antisistema quieren a la vez crear su propio sistema antisistema, algo imposible. Y parece que los antisistema ahora son de tres calañas: independentistas, anarquistas y bolivarianos, todos muy cabreados. También estamos cabreados todos los demás, lo que pasa es que no nos da por ir quemando coches de otros ciudadanos, ni rompiendo escaparates de negocios de autónomos y pequeños empresarios, y es que hay mucha gente cabreada con el mundo, pero estar cabreado y con ganas de cambiar las cosas no significa que los nuevos políticos, con sus viejas y caducas ideas de los siglos XIX y XX, vayan a arreglar el país. Ni España, ni Cataluña van a mejorar sólo porque ellos entren como elefante en cacharrería en gobiernos aquí y acullá. Que Dios pille confesados a los españoles si el 26-J tiran una vez más su voto cabreado y se vuelve a escenarios de conflictividad y sectarismo. No se puede salir de Guatemala para ir a Guatepeor. No porque Cataluña lograse alguna vez la independencia iba a estar mejor si sus gobernantes son estos que permiten la anarquía, porque con tales mimbres evidentemente no se puede fabricar un buen cesto, ni un buen gobierno; pero allá ellos.

  

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