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Sábado, 14 de mayo de 2016

Educar la mente y no sólo la panza

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El futuro de un país no depende de sus políticos actuales, sino de la educación que reciban las futuras generaciones, o sea, las que estudiarán con la próxima o próximas leyes educativas que, desafortunadamente, están siendo maltratadas por los políticos de hoy.

Como la pescadilla que se muerde la cola, hemos entrado en otra de estas espirales absurdas que no llevan a ninguna parte.

 

[Img #47951]La ley de la LOGSE era mala, independientemente de quién la defienda, porque los resultados eran malos y eso es un hecho. Las pruebas a los alumnos a nivel internacional lo demuestran.

 

En la penúltima legislatura (la última ha sido inexistente, la que salió de las elecciones del 20d), el gobierno encargó una nueva ley de calidad de la educación. La llamaron LOMCE. El nombre da igual.

 

Tal ley, que mejora la anterior, incluye la necesidad y obligación de realizar controles periódicos –no computables a nivel académico– para evaluar la formación de los alumnos. Pero hete aquí que los contestatarios, pensando aún que viven en el siglo XX, decidieron calificar a tales controles como reválida, sólo porque les gusta relacionar a las cosas con lo viejo, y porque así creen que estas pruebas son ideológicas, o no sabemos qué.

 

Saber matemáticas y ortografía no es una cuestión baladí. Y mucho menos política, pero muchos políticos, de los que se dicen progresistas, lo que parecen querer es precisamente no progresar, que los estudiantes estudien menos y que no se esfuercen tanto porque eso es un sinvivir para llegar al fin de semana alegres y, quizás, poder disfrutar mejor del dolce far niente; o sea se aplaude el no hacer nada o trabajar poco, que ese es el sentido que se está dando a la vida del llamado estado del bienestar, consistente en pasar la vida en una tumbona, con asistencia programada a todo, con derecho a todo y con pocos deberes.

 

Pocos deberes también escolares, no sea que los estudiantes sufran un esguince cerebral.

No se trata de poner muchos deberes, cierto, pero tampoco de llegar a la insuficiencia.

 

Puede suceder que tantos escolares y futuros profesionales que estudian en España finalmente disfruten de un sistema educativo tan progresista que les iguale en todo, pero por abajo. El problema es que allende los Pirineos los estudiantes sí disfrutan de sistemas educativos serios; y no digamos en lugares tan lejanos como Corea del Sur, donde estudiar sí es una virtud. El competir hoy es casi internacional y poco progreso habrá donde no lo sea, acaso en España.

 

Estamos llegando a límites insospechados en este país, donde los simples controles educativos, propuestos para observar dónde hay que mejorar, sean lanceados por los presuntos progresistas. Si en algo que debiera ser cuestión de pura responsabilidad no se ponen de acuerdo, qué es lo que van a proponer o qué es lo que quieren.

 

Los partidos políticos aseguran que quieren aprobar una ley de consenso en la próxima legislatura. En estas semanas, Sociedad Civil por el Debate está convocando a los líderes políticos antes de la campaña electoral para “arrancarles” ese compromiso.

 

¿Lograrán algún día no ya crear una hoja de ruta, sino implantar un sistema educativo que contente a todos? Me temo que no. Pero, mientras, la calle está llena de gente, a la que ellos supuestamente quieren ayudar, gente que no tiene preparación y que tiene muchas dificultades para encontrar empleo. Según un informe PISA, los alumnos que repiten 1 ó 2 cursos se encuentran en el nivel 1 o en el extremo bajo del nivel 2 de la escala de rendimiento, es decir, no alcanzan o alcanzan por muy poco los niveles mínimos necesarios para su correcta integración en la sociedad del conocimiento. Se crean pues bolsas de analfabetos funcionales.

 

La LOGSE ha frenado el potencial de muchas generaciones y no sabemos si todos estos políticos –cargados de tabletas, móviles de última generación y escaños calientes – tendrán redaños para evitar que ese fracaso siga asolando las aulas. Porque ya no sólo hay que aprender a leer, sumar y restar, sino también evitar que haya personas con perfiles desestructurados que les ocasionan problemas para encontrar empleo. Andar con un smartphone en la mano no significa que el portador haya sido educado para ser más inteligente. No es sabio el que sabe dónde está el tesoro, sino el que trabaja y lo saca, que diría Francisco de Quevedo. Y yo diría más, que no basta con llenar la panza, sino la mente.

 

Félix Rosado - Madridpress

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