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Domingo, 1 de mayo de 2016

Foro de Ciudades Iberoamericanas: contra el crecimiento alocado

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El pasado jueves 28 de marzo asistí en el Teatro Real de Madrid al Foro Iberoamericano de las Ciudades, un interesante encuentro donde se debatió sobre el futuro de las grandes metrópolis. El 80 por ciento de la población mundial vivirá en unos años en ciudades, o sea unos 6.000 millones de personas aspiran a concentrarse en las urbes, mientras se abandonan espacios rurales, donde la calidad de vida es distinta, e incluso puede que mejor.

Lo que sucede es que las aspiraciones de los seres humanos son en su mayoría las de conseguir una mayor calidad de vida. Lo que no sabemos adecuar a nuestras mentes es qué entendemos o qué consideramos más calidad de vida cada uno a su manera, tendemos a la concentración simplemente porque nos gusta.

 

Porque las grandes ciudades presentan grandes problemas que este Foro de Ciudades trata de afrontar.

 

[Img #47569]Podemos hablar de agua y energía, que lleguen a todos los barrios, a todos los entornos, a las calles, a todos los emplazamientos, en definitiva, y sobre todo, a todas las casas, donde ampliamos los servicios básicos de luz y líquidos a esos caprichos que todos nos damos o buscamos: nevera, lavadora, vitrocerámica, a los que añadimos microondas, asador, horno, aparatos de radio, una tele por habitación, tabletas, pcs, teléfonos, móviles, coches eléctricos –en el futuro entiendo que más vehículos aún–, servicios de gas, … A ello unimos no sólo la llegada de energía, sino la necesidad de sacar fuera los residuos, desagües, reciclajes de vidrio, papel, plásticos, latas… la realización de obras nuevas y rehabilitaciones… todo crece exponencialmente en las ciudades y a todo aspiramos y, además, exigimos que cualquier ciudad moderna que se precie funcione como un reloj suizo, que nada falle y si falla, por ejemplo, si se va la luz, que venga ipso facto porque no nos queremos perder la serie de tv que estamos viendo, el partido de fútbol, ni que nuestro ordenador falle, más si estamos trabajando, tampoco que un negocio de restauración se quede sin energía en pleno fin de semana…

 

Es indescriptible la cantidad de energía y elementos que deben funcionar en una ciudad para tener una alta calidad de vida.

 

La lista se hace interminable: que funcionen los hospitales, que no haya atascos, que haya vías verdes, parques, que tengamos seguridad, existe el temor a los atentados, queremos grandes acontecimientos deportivos y musicales y eso supone el movimiento masivo de ciudadanos a eventos gigantes, es espectáculo y nos encanta, pero cuál es el límite: los aforos, los controles por razones de seguridad y el encadenamiento de reglas y exigencias normativas que van haciendo que los ciudadanos, a veces, sean presa de sus propias libertades. Pero somos urbanitas. El mundo lo es cada vez más.

 

El “Foro Iberoamericano de Ciudades” es un programa declarado Acontecimiento Excepcional de Interés Público que tiene como objetivos contribuir a diseñar modelos de desarrollo de ciudades inteligentes, eficaces, sostenibles e inclusivos capaces de generar igualdad de oportunidades. Que haya trabajo y no bolsas de pobreza. A medida que crecen las ciudades se descubren las necesidades.

 

Hay condicionantes en el ir y devenir metropolitano. Los movimientos inesperados de población, por distintas causas. Los nacimientos, la demografía. Las construcciones, edificios nuevos, equipamientos, los JJOO.

 

La política bien o mal aplicada puede generar ciudades caóticas. Por ejemplo, Caracas, en Venezuela, se ha convertido en una ciudad violenta e insegura. El emplazamiento de las ciudades influye también cuando son víctimas de la fuerza de la naturaleza ante terremotos o tsunamis, ante inundaciones o tormentas. San Francisco, Tokyo. Qué puede ocurrir ante la madre de los movimientos telúricos.

 

Influyen también en el cambio climático y en la generación de contaminación o no; rara es la gran ciudad que no tiene una boina de humo.

 

En el foro, resultó especialmente interesante el debate de ideas entre el escritor Jorge Edwards y el abogado liberal Garrigues Walker. En la construcción y renovación de una ciudad no pueden contar sólo los arquitectos, también hay que implicar a los filósofos, y es fundamental la labor pedagógica. El futuro es siempre de las generaciones que empiezan a vivir y las estrías de la educación pueden conducir a un futuro benigno o, por el contrario, más complicado. Todos los factores inciden y siempre habrá ciudades mejores y otras caóticas. Lo que está claro es que siempre hay vida más allá de nuestro propio entorno. Madrid puede ser ejemplo de una gran ciudad y en unos años, no serlo. Constancia, educación, trabajo y perseverancia pueden llevar a una ciudad a mejorar.

 

El próximo mes de noviembre tendrá lugar la celebración del Foro Iberoamericano de Ciudades: “Las ciudades frente al cambio climático y las desigualdades” en el emblemático Palacio de la Magdalena de la ciudad de Santander

 

Las 10 ciudades que hoy día lideran la sostenibilidad urbana son:

 

Por un programa integral de conservación y gestión de la demanda de agua: Ciudad del Cabo (Sudáfrica)

 

Por la planificación y evaluación de la adaptación: Rotterdam (Países Bajos)

 

Eficiencia energética en edificios: Nueva York (EEUU)

 

Medida y planificación de emisiones de carbono: Vancouver (Canadá)

 

Finanzas y desarrollo económico: Johannesburgo (Sudáfrica)

  

Energías verdes: Washington (Estados Unidos)

 

Ciudades inteligentes: Boston (Estados Unidos)

 

Gestión de residuos: Wuhan (China)

 

Comunidades sostenibles: Estocolmo (Suecia)

 

Transporte urbano: Nanjing (China)

 

O sea, no está Madrid en este top ten. Tenemos trabajo por delante y eso exige también nuevas ideas y no precisamente políticas, sino técnicas y vitales.

 

Félix Rosado - Madridpress

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1 Comentario
Fecha: Miércoles, 4 de mayo de 2016 a las 01:23
Antonio Ángel Usábel
Ratoneamos, huroneamos, mientras a nuestro alrededor, sin sentirlo, sin percatarnos, generamos inmundicia. Nos hemos hecho a la aldea global, cuando quizá estamos más solos que nunca, con nuestra hiperconexión a múltiples actividades y acciones virtuales.
Mientras, el planeta padece, lo degeneramos, lo alienamos de su talento y pulmón natural. Cuando queramos reaccionar, habrán muerto los océanos, y los mares, y los lagos y ríos, y bosques y espesuras, plantados por la mano del Amado. No quedará oxígeno limpio que respirar.
Acaso será en el medio rural, hoy ignorado, donde se note menos la degradación generalizada. "Beatus ille". Feliz aquel que posea un huerto, con unas cuantas lechugas, unos tomates y pimientos, y algún frutal. Ese comerá sano, mientras en la ciudad se consagra la universal macroingesta de porquería.
Y él con su móvil.

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