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Sábado, 30 de abril de 2016

Clic, clic

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Nuestra vida social, que por el ajetreo del trabajo y de la familia, cada vez más se circunscribe a las redes sociales, está llena de clics.

Hacemos clic para todo. Para seleccionar en el navegador, para entrar en nuestra página favorita, nuestra ventana al mundo. Hoy es el cumpleaños de Zoe. ¡Felicita a Zoe! Clic. Las Hadas Rocamadour Moda le invita a un paseo virtual con su colección primavera / verano por el Bois de Boulogne. Si le gusta lo que ve, haga usted clic en “me gusta”. Clic. Esta es la nueva imagen de Oronda Pérez; si le agrada, pulse en “me gusta”. Clic. Si la gente que viaja con usted en el Metro le parece vulgar o fea, elija esta opción. Clic. (A usted y a otras cincuenta y cuatro personas más les desagradan las caras que ven en el Metro.) Este es tu álbum de recuerdos del 2015. Si te gusta, ¡clic! Pues clic. Fidedigno Gómez ha cambiado su foto de perfil. ¿Te gusta la nueva imagen de Fidedigno? Clic. Marujita ha subido veinte fotos más. Mira las fotos de Marujita. Clic, clic., clic.

 

El clic es decir “eh, estoy aquí”. No me olvidéis, como tampoco yo me olvido de vosotros, amigos a quienes quizá nunca he visto. Ese clic es una aserción, un movimiento mecánico de cabeza, como queriéndola inclinar hacia adelante en birmana reverencia. Hacemos clic y estamos con los demás. Donde va Vicente, va la gente. Hacemos clic sobre las banalidades rutinarias que dentro de veinticuatro horas ya serán vetustas y serán olvidadas. Hacemos clic sobre esa cadena sin fin de identidades, aconteceres tal vez inocuos, y revelaciones de los otros, acaso espectros que no saben que están muertos y que el verdadero paisaje lunar pertenece a los vivos, a esos que solo luchan por sobrevivir aquí y allá.

 

Pero qué bonito es hacer clic. Nos vuelve locos, lo necesitamos, nos hace tilín. Mata el tedio, nos tranquiliza recibir los clics de los seguidores. Después, los sedamos a ellos al secundar sus entradas. Ya pueden estar contentos. Clic, clic. MONITOR: “--Está el problema de Mónica. ¿Dónde vamos a poner a Mónica? ¿Tienes tú la respuesta, Linda?” LINDA: (Tras hacer clic) –“¿En la habitación… azul?” MONITOR: “--¡Linda tiene razón! ¡Toda la razón! Linda, eres verdaderamente extraordinaria”.

 

En el cercanías una joven se acaricia el brazo y baja la mano hasta la rodilla; una señora frota su carrillo en el visón; otra chica circunda el labio con un dedo y lo detiene justo en el hoyuelo. En cualquier lavabo, ante el espejo, nuestra esposa puede estar midiéndose un pecho –como sin entrar en ese jardín prohibido--, mientras nos preguntamos, en el espacio vacío de la mundanidad, de quiénes recibimos la fuerza del cariño. Quiénes lo contemplan y lo completan.

 

¿Esos innumerables clics, esos impulsos eléctricos por la red? ¿Hay algo más aparte? ¿Despertamos lo suficiente? ¿O estamos presos de la vuelta al día en ochenta mundos? La virtualidad no nos permite soñar. “Porque tú… (decía Max Estrella) no sabes nada. ¡Ni soñar!”.

 

Antonio Ángel Usábel - Madrid Press

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